Aún quedan días de vacaciones.

Todavía hay tiempo para descansar.

Pero, sin darte cuenta, tu mente ya ha empezado a viajar al futuro.

Piensas en la vuelta al trabajo.

En los horarios.

En las responsabilidades.

En todo lo que tendrás que hacer cuando termine el verano.

Y, poco a poco, dejas de estar donde realmente estás.

Vivir el final antes de que llegue

Es algo muy habitual.

Nuestro cerebro intenta anticiparse para sentir que tiene el control.

Por eso, antes de volver a la rutina, empieza a organizar, planificar e incluso preocuparse.

El problema es que, mientras tanto, dejamos de disfrutar del presente.

Estamos físicamente de vacaciones, pero mentalmente ya hemos vuelto.

La anticipación también genera ansiedad

Muchas veces no nos preocupa lo que está ocurriendo.

Nos preocupa lo que imaginamos que ocurrirá.

Pensamos en:

Y nuestro cuerpo responde como si todo eso ya estuviera pasando.

No hace falta resolver septiembre en agosto

A veces intentamos dejar todo perfectamente organizado antes de volver.

Y aunque planificar puede ser útil, también es importante recordar que no todo necesita resolverse hoy.

Habrá tiempo para afrontar lo que venga.

No necesitas vivir dos veces el mismo momento: una ahora, anticipándolo, y otra cuando realmente ocurra.

Todavía queda tiempo para disfrutar

Quizá hoy no necesites pensar en la lista de tareas de la semana que viene.

Quizá puedas preguntarte algo más sencillo:

¿Qué puedo hacer hoy para disfrutar un poco más de este momento?

A veces basta con una comida tranquila.

Un paseo.

Una conversación.

Un rato de descanso sin mirar el reloj.

Volver no significa perder lo vivido

Muchas personas sienten tristeza porque las vacaciones terminan.

Pero el descanso, los recuerdos y los momentos compartidos no desaparecen cuando vuelve la rutina.

También forman parte de ti.

Y pueden acompañarte durante el resto del año.

Regálate estos últimos días

En lugar de vivirlos con la mente puesta en septiembre, quizá puedas darte permiso para terminarlos con calma.

Sin exigirte aprovechar cada minuto.

Sin intentar hacer todo lo que aún queda pendiente.

Simplemente estando presente.

Porque los últimos días de vacaciones también merecen ser vividos.

Septiembre llegará… pero hoy sigue siendo agosto

La vuelta a la rutina llegará cuando tenga que llegar.

Mientras tanto, intenta no adelantar preocupaciones que todavía no existen.

Tu bienestar también depende de la capacidad de estar donde estás.

Y hoy, todavía puedes darte ese regalo.

Si notas que la anticipación, la ansiedad o la dificultad para desconectar aparecen con frecuencia antes de cualquier cambio importante, el acompañamiento psicológico puede ayudarte a gestionar esos pensamientos y vivir el presente con más calma.

Porque no todo lo que imagina nuestra mente necesita ocupar también nuestro hoy.

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