Hay días en los que llegas a casa y no es solo cansancio físico.
Es esa sensación de seguir pensando en el trabajo incluso cuando la jornada ya ha terminado.
Repasas conversaciones.
Piensas en todo lo que ha quedado pendiente.
Anticipas lo que tendrás que hacer mañana.
Y, aunque tu cuerpo esté en casa, tu mente sigue en el trabajo.
Cuando desconectar deja de ser fácil
Es normal que, después de un día intenso, necesites un tiempo para cambiar de ritmo.
El problema aparece cuando ese tiempo nunca llega.
Cuando cada tarde se parece a la anterior.
Cuando incluso los fines de semana o las vacaciones están llenos de pensamientos relacionados con el trabajo.
Poco a poco, la sensación de descanso desaparece.
No siempre es cuestión de trabajar muchas horas
A veces pensamos que el desgaste solo aparece cuando hacemos jornadas interminables.
Pero no depende únicamente del número de horas.
También influye:
- la presión constante
- la responsabilidad
- la sensación de tener que llegar a todo
- la dificultad para poner límites
- la preocupación por cometer errores
Es posible terminar la jornada… y seguir trabajando mentalmente durante horas.
Las señales que muchas veces ignoramos
El cuerpo suele avisar antes de que nos demos cuenta.
Algunas señales frecuentes son:
- dificultad para dormir
- despertarte pensando en el trabajo
- irritabilidad
- sensación de agotamiento constante
- falta de motivación
- dificultad para disfrutar del tiempo libre
Al principio pensamos que «ya pasará».
Pero cuando el estrés se mantiene durante mucho tiempo, empieza a afectar también a nuestra salud emocional.
Vivir siempre en alerta tiene un coste
Mantener la mente constantemente ocupada puede hacer que poco a poco aparezcan:
- ansiedad
- cansancio emocional
- dificultad para concentrarte
- problemas en las relaciones personales
- sensación de no tener espacio para ti
Y lo más preocupante es que muchas personas llegan a normalizarlo.
Como si vivir al límite fuera simplemente parte del trabajo.
Tu trabajo es importante, pero no lo es todo
Es natural querer hacerlo bien.
Comprometerte.
Responsabilizarte.
Pero cuando toda tu energía queda absorbida por el trabajo, otras partes importantes de tu vida empiezan a quedarse sin espacio.
Descansar.
Compartir tiempo con las personas que quieres.
Disfrutar.
Cuidarte.
Todo eso también forma parte de tu bienestar.
Aprender a desconectar también se puede entrenar
Desconectar no significa dejar de ser responsable.
Significa permitir que tu mente tenga momentos de recuperación.
A veces puede ayudar:
- establecer un pequeño ritual al terminar la jornada
- evitar revisar el correo o los mensajes de trabajo fuera del horario laboral
- dedicar un rato a una actividad que disfrutes
- practicar pausas conscientes durante el día
- preguntarte cómo estás antes de preguntarte qué te queda por hacer
No se trata de hacerlo perfecto.
Se trata de empezar a recuperar un espacio para ti.
Escuchar las señales también es cuidarte
Si llevas tiempo sintiendo que el trabajo ocupa tu cabeza incluso cuando termina la jornada, quizá no necesites esforzarte más.
Quizá necesites escucharte más.
El acompañamiento psicológico puede ayudarte a comprender qué está manteniendo ese nivel de exigencia, aprender a gestionar el estrés y construir una relación más saludable con el trabajo y contigo misma/o.
Porque trabajar es una parte de tu vida.
Pero tu bienestar también merece un lugar.