Hay días en los que llegas a casa y no es solo cansancio físico.

Es esa sensación de seguir pensando en el trabajo incluso cuando la jornada ya ha terminado.

Repasas conversaciones.

Piensas en todo lo que ha quedado pendiente.

Anticipas lo que tendrás que hacer mañana.

Y, aunque tu cuerpo esté en casa, tu mente sigue en el trabajo.

Cuando desconectar deja de ser fácil

Es normal que, después de un día intenso, necesites un tiempo para cambiar de ritmo.

El problema aparece cuando ese tiempo nunca llega.

Cuando cada tarde se parece a la anterior.

Cuando incluso los fines de semana o las vacaciones están llenos de pensamientos relacionados con el trabajo.

Poco a poco, la sensación de descanso desaparece.


No siempre es cuestión de trabajar muchas horas

A veces pensamos que el desgaste solo aparece cuando hacemos jornadas interminables.

Pero no depende únicamente del número de horas.

También influye:

Es posible terminar la jornada… y seguir trabajando mentalmente durante horas.


Las señales que muchas veces ignoramos

El cuerpo suele avisar antes de que nos demos cuenta.

Algunas señales frecuentes son:

Al principio pensamos que «ya pasará».

Pero cuando el estrés se mantiene durante mucho tiempo, empieza a afectar también a nuestra salud emocional.


Vivir siempre en alerta tiene un coste

Mantener la mente constantemente ocupada puede hacer que poco a poco aparezcan:

Y lo más preocupante es que muchas personas llegan a normalizarlo.

Como si vivir al límite fuera simplemente parte del trabajo.


Tu trabajo es importante, pero no lo es todo

Es natural querer hacerlo bien.

Comprometerte.

Responsabilizarte.

Pero cuando toda tu energía queda absorbida por el trabajo, otras partes importantes de tu vida empiezan a quedarse sin espacio.

Descansar.

Compartir tiempo con las personas que quieres.

Disfrutar.

Cuidarte.

Todo eso también forma parte de tu bienestar.


Aprender a desconectar también se puede entrenar

Desconectar no significa dejar de ser responsable.

Significa permitir que tu mente tenga momentos de recuperación.

A veces puede ayudar:

No se trata de hacerlo perfecto.

Se trata de empezar a recuperar un espacio para ti.


Escuchar las señales también es cuidarte

Si llevas tiempo sintiendo que el trabajo ocupa tu cabeza incluso cuando termina la jornada, quizá no necesites esforzarte más.

Quizá necesites escucharte más.

El acompañamiento psicológico puede ayudarte a comprender qué está manteniendo ese nivel de exigencia, aprender a gestionar el estrés y construir una relación más saludable con el trabajo y contigo misma/o.

Porque trabajar es una parte de tu vida.

Pero tu bienestar también merece un lugar.

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