El verano suele llegar acompañado de una sensación muy concreta: parece que todo el mundo está viviendo su mejor momento.
Las redes sociales se llenan de playas, viajes, comidas con amigos, cuerpos bronceados y sonrisas.
Y, sin darte cuenta, empiezas a mirar tu vida con otros ojos.
«Yo no estoy haciendo tanto.»
«Mi verano no se parece al suyo.»
«Debería estar disfrutando más.»
Compararnos es algo humano. El problema aparece cuando esa comparación se convierte en la medida con la que evaluamos nuestra propia vida.
Las redes muestran una parte de la realidad
Es fácil olvidar que lo que vemos en internet son momentos seleccionados.
No vemos:
- las discusiones de pareja
- el estrés antes del viaje
- la ansiedad
- el cansancio
- las inseguridades
Solo vemos una pequeña parte de la historia.
Y cuando comparamos nuestro día a día con los mejores momentos de otras personas, siempre salimos perdiendo.
El verano también trae presión
No solo nos comparamos con las vacaciones.
También con:
- el cuerpo
- el tiempo libre
- los planes
- las amistades
- la vida social
Parece que existe una forma «correcta» de vivir el verano.
Pero no la hay.
Cada persona tiene una realidad distinta, unas circunstancias diferentes y unas necesidades propias.
¿Qué estás dejando de ver de tu propia vida?
Cuando estás muy pendiente de lo que hacen los demás, es fácil desconectar de lo que tú sí tienes.
Quizá tu verano no esté lleno de viajes.
Quizá estés trabajando.
Quizá simplemente necesites descansar.
Y eso no hace que tu verano sea menos válido.
Compararte tiene un coste
Cuando la comparación se vuelve constante, puede afectar a:
- la autoestima
- la satisfacción personal
- la ansiedad
- la sensación de estar haciendo siempre poco
Y poco a poco dejas de disfrutar de lo que sí está ocurriendo en tu vida.
Cambiar la pregunta
En lugar de preguntarte:
«¿Estoy haciendo suficiente este verano?»
Quizá puedas preguntarte:
«¿Estoy viviendo este verano como realmente necesito?»
La respuesta probablemente sea mucho más útil.
Tu verano no tiene que parecerse al de nadie
No necesitas hacer más planes.
No necesitas viajar.
No necesitas tener el cuerpo perfecto.
No necesitas demostrar que estás disfrutando.
Solo necesitas construir un verano que tenga sentido para ti.
Disfrutar también puede ser bajar el ritmo
A veces el mejor verano no es el más lleno de actividades.
Es aquel en el que consigues escucharte un poco más.
Descansar sin culpa.
Decir que no cuando lo necesitas.
Y dejar de medir tu vida con la de los demás.
Si las comparaciones están afectando a tu bienestar
Compararnos es algo natural, pero cuando empieza a generar inseguridad, ansiedad o malestar constante, merece la pena prestar atención.
El acompañamiento psicológico puede ayudarte a fortalecer tu autoestima, reducir la autoexigencia y construir una relación más sana contigo misma y con los demás.
Porque tu bienestar no debería depender de cómo parece vivir el verano el resto del mundo.