Hay muchas cosas que pueden preocuparte antes de entrar en una consulta.
No saber por dónde empezar.
Quedarte en silencio.
Llorar.
O pensar que quizá no vas a saber explicar bien lo que te pasa.
Para ti puede sentirse extraño o incómodo.
Para quienes acompañamos procesos terapéuticos, todo eso forma parte de algo completamente normal.
No necesitas preparar un discurso
A veces llegamos a terapia creyendo que tenemos que contar nuestra historia de forma ordenada.
Como si hubiera una manera correcta de empezar.
Pero no necesitas tener claro qué te ocurre ni encontrar las palabras exactas.
Puedes comenzar por algo tan sencillo como decir que no sabes por dónde empezar.
La consulta también es un espacio para ir poniendo orden poco a poco a todo aquello que ahora parece confuso.
Quedarte en silencio no significa que la sesión esté saliendo mal
Los silencios pueden aparecer por muchos motivos.
Porque necesitas tiempo para pensar.
Porque una emoción se ha hecho demasiado intensa.
Porque todavía estás intentando confiar.
O porque hay algo que aún no sabes cómo nombrar.
No tienes que llenar cada momento hablando.
El silencio también puede dar información sobre lo que estás sintiendo y sobre el ritmo que necesitas.
Llorar no es perder el control
Muchas personas intentan contener las lágrimas porque les da vergüenza llorar delante de alguien.
Quizá has aprendido a seguir adelante incluso cuando algo te duele.
O te preocupa sentir que no podrás parar una vez empieces.
En terapia no necesitas disculparte por emocionarte.
Llorar puede ser una forma de expresar algo para lo que todavía no hay palabras.
Y también puedes no llorar.
Cada persona expresa lo que siente de una manera diferente.
Necesitar tiempo para confiar es normal
Contar aspectos íntimos de tu vida a una persona que acabas de conocer no siempre resulta fácil.
La confianza no tiene por qué aparecer en la primera sesión.
Se construye a través de la relación, la escucha y la sensación de que tu ritmo está siendo respetado.
Puedes preguntar.
Expresar que algo te incomoda.
Decir que todavía no quieres hablar de un tema.
O necesitar varias sesiones antes de compartir determinadas experiencias.
No serás juzgada/o por lo que cuentes
El miedo a ser juzgado puede hacer que minimices lo que te ocurre.
Que pienses que tus problemas no son lo bastante importantes.
O que escondas partes de tu historia por miedo a cómo serán recibidas.
La terapia no es un examen sobre si reaccionaste bien o mal.
El objetivo es comprender tu experiencia, el contexto en el que surgió y cómo te está afectando ahora.
Puedes ir a terapia incluso sin tenerlo todo claro
No necesitas esperar a sentirte peor.
Tampoco necesitas saber qué diagnóstico tienes ni cuál debería ser la solución.
Pedir ayuda puede empezar simplemente reconociendo que hay algo que te gustaría comprender o vivir de otra manera.
El trabajo terapéutico consiste en acompañarte a construir esas respuestas, no en exigirte que llegues con ellas.
Aquí no necesitas explicar perfectamente lo que te pasa.
Nuestro trabajo es entender tu historia, no juzgarla.